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La ciencia y la ingeniería de la navegación. vela

Rayos y tormentas eléctricas en náutica de recreo: prevención, probabilidad y contexto español.



  • Introducción


Navegar a vela implica una conexión íntima con la naturaleza. El viento que llena nuestras velas y el mar que sostiene el casco son compañeros cotidianos. Sin embargo, cuando una nube cumulonimbus se desarrolla en el horizonte y el cielo se oscurece, esa misma naturaleza se vuelve potencialmente letal. Los rayos descargan corrientes de decenas de miles de amperios y calientan el aire a temperaturas superiores a 30.000 °C. Aunque el golpe directo a un barco es infrecuente, los daños en la estructura, el equipamiento y la tripulación pueden ser devastadores. Esta guía técnico‑divulgativa está dirigida a propietarios y patrones de veleros: explica cómo se forman los rayos, por qué los veleros son especialmente vulnerables, presenta datos sobre la actividad eléctrica en España (con foco en la Costa Blanca y en las islas Ibiza y Formentera), muestra cómo calcular la probabilidad real de un impacto y detalla las medidas de prevención y respuesta.


  • Formación del rayo y tipos de descargas


Las tormentas eléctricas se generan cuando se acumula una gran cantidad de carga en nubes cumulonimbus. El roce de las gotitas de agua y de cristales de hielo dentro de estas nubes produce separación de cargas: normalmente se acumulan cargas negativas en la base de la nube y positivas en su cúspide. El aire es un aislante, pero cuando la diferencia de potencial entre nube y tierra supera varios millones de voltios el aire se ioniza y se genera una descarga.  Dependiendo de la polaridad y del origen, los rayos pueden ser nube‑tierra, tierra‑nube o entre nubes.  Los rayos nube‑tierra transportan corrientes medias de unas 20.000 A, pero las descargas positivas pueden alcanzar 300.000 A.  La imagen siguiente muestra un cumulonimbus típico que puede generar una tormenta eléctrica:


Cumulonimbus
Cumulonimbus

  • Vulnerabilidad de los veleros


Los veleros presentan varios factores de riesgo.  El mástil de aluminio o carbono se convierte en el punto más alto del entorno y actúa como una antena que atrae descargas.  La fibra de vidrio o madera del casco es aislante, por lo que la corriente busca caminos tortuosos hacia el agua y puede perforar el casco.  A bordo hay numerosos equipos electrónicos sensibles (GPS, piloto automático, AIS, radar, radio VHF), motores y sistemas eléctricos que pueden quedar inutilizados tras una sobretensión.  Además, la tripulación está en contacto con la jarcia, winches y timón, todos ellos conductores.  Un arco secundario entre dos piezas metálicas del barco puede atravesar el cuerpo de un tripulante y causar lesiones graves o incluso mortales.  Por todo ello, el equipamiento de protección y las buenas prácticas son esenciales.


  • Actividad eléctrica en España y regiones de interés


En el conjunto de la España peninsular y Baleares, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) registró 13.330.231 descargas nube‑tierra entre 2003 y 2012.  Casi un 28 % de todas estas descargas se produjeron en el mes de septiembre, lo que confirma que el final del verano es la época más eléctrica en el Mediterráneo.  La densidad media anual de rayos varía mucho según la zona: el Maestrazgo turolense y castellonense, junto con el litoral de Tarragona, presentan los valores más altos, con hasta 6,1 descargas por kilómetro cuadrado.  En contraste, la comarca gallega de Bergantiños apenas alcanza 0,2 descargas por kilómetro cuadrado, y el sureste peninsular registra valores similares.


La Comunidad Valenciana muestra un gradiente de norte a sur.  Castellón registra una densidad media de 3,4 descargas por kilómetro cuadrado, Valencia 1,6 descargas por kilómetro cuadrado y Alicante 1,0 descargas por kilómetro cuadrado.  En el periodo 2003‑2012 se contabilizaron 453 030 rayos en toda la comunidad, de los cuales el 50 % cayeron en Castellón, el 38 % en Valencia y solo el 12 % en Alicante.  Así, la Costa Blanca, situada en Alicante, presenta un riesgo inferior al de las comarcas del norte, pero sigue siendo sensible a las tormentas otoñales (gota fría) que pueden descargar cientos de rayos en pocas horas.


En las Illes Balears la densidad media anual es de 2,2 descargas por kilómetro cuadrado.  El estudio de AEMET identifica a Ibiza como una de las zonas donde, cuando se produce una tormenta, se registran muchas descargas en muy poco tiempo.  Se han contabilizado episodios excepcionales con más de 2 000 descargas en un solo día alrededor de un punto: en Pollença (Mallorca) se registraron 2 632 rayos el 28 de septiembre de 2009; en Llutxent (sur de Valencia) 2 200 el día anterior, y en el monasterio de Montserrat (Cataluña) 2 232 el 6 de agosto de 2007.  A escala diaria, el 20 % de los días con tormenta presentan más de 119 descargas y el 5 % superan 452 descargas.  Estas cifras subrayan que, aunque los rayos no sean un suceso cotidiano, las tormentas activas en Ibiza y Formentera pueden concentrar una intensidad notable.


  • Probabilidad de impacto y factores de riesgo


Las estadísticas de Boat US indican que, de media, uno de cada 1 000 barcos es alcanzado por un rayo en un año.  Esta probabilidad aumenta con la altura y la superficie expuesta: los catamaranes y multicascos presentan riesgos mayores, mientras que las lanchas pequeñas y motos de agua son apenas afectadas.  La latitud es otro factor: las regiones tropicales y subtropicales, así como zonas como Florida o el Mediterráneo en verano, registran más tormentas convectivas.  Estar solo en alta mar, sin objetos cercanos más altos, incrementa el peligro.  Las densidades de descargas expuestas antes permiten refinar estos cálculos para un caso concreto.


  • Cálculo aproximado para un velero de 14 metros


Consideremos un velero monocasco de 14 metros de eslora y 4 metros de manga, con un área aproximada de cubierta de 56 metros cuadrados (0,000056 km²).  Suponiendo que los rayos caen aleatoriamente sobre una superficie uniforme, podemos aproximar la probabilidad de impacto durante un intervalo corto mediante un modelo de Poisson: la probabilidad de al menos un impacto en un tiempo determinado se calcula como uno menos la exponencial del numero esperado de impactos (λ).  Si una tormenta tiene una intensidad I (descargas por km² y hora), en 30 minutos caerán I / 2 descargas por km², y el número esperado de impactos será ese valor multiplicado por el área del barco. 


La tabla siguiente presenta las probabilidades resultantes para diferentes intensidades:



Nota: la columna de equivalencias indica cuántas veces tendría que encontrarse el barco en esa situación de 30 minutos para que, estadísticamente, se produjera un impacto.  Estos valores son orientativos: el rayo no cae de forma completamente uniforme y tiende a buscar el punto más alto, por lo que la vulnerabilidad real de un velero es mayor que la sugerida solo por su área de cubierta.  Un mástil de 14 m actúa como pararrayos natural, así que la probabilidad efectiva puede multiplicarse. 


Aqui una tabla basada sobre un calculo que tiene en cuenta el efecto del mastil. Como se puede ver la probabilidad de impacto aumenta considerablemente:



Los factores que incrementan el riesgo incluyen:


1. Altura y geometría del barco. Mástiles altos y antenas incrementan la probabilidad de atraer descargas.

2. Tipo de casco. Los multicascos tienen mayor superficie y carecen de quilla profunda; son hasta dos o tres veces más propensos que los monocascos.

3. Ubicación geográfica. El noreste peninsular, Castellón y las islas Baleares presentan las mayores densidades en España.

4. Época del año y estado atmosférico. Las tormentas mediterráneas del final del verano y principio de otoño (septiembre–octubre) son las más activas.

5. Presencia de una nube convectiva encima. Si el destello y el trueno se perciben casi simultáneamente, la tormenta está directamente sobre la embarcación.  En estas condiciones el riesgo se dispara; conviene aplicar la regla “30/30”: si no puedes contar hasta 30 entre el relámpago y el trueno, busca refugio y espera 30 minutos después del último trueno antes de reanudar la actividad.


  • Cómo reconocer una tormenta inminente


Existen signos que permiten anticipar la llegada de una tormenta.  Una de las alertas más evidentes es el desarrollo de nubes cumulonimbus con forma de yunque y bases oscuras.  Estas nubes pueden crecer verticalmente hasta 12 km y anunciar descargas eléctricas inminentes.  Otros indicadores son el cambio brusco de dirección o intensidad del viento, el descenso repentino de la temperatura y de la presión atmosférica, la sensación de electricidad estática en el aire y las interferencias o chasquidos en la radio AM.  Escuchar las previsiones meteorológicas, consultar las imágenes de radar y los modelos GRIB o utilizar aplicaciones como Windy o PredictWind ayuda a identificar células convectivas activas.  En la Comunidad Valenciana, las tormentas más fuertes suelen producirse en la segunda quincena de septiembre y durante episodios de gota fría en octubre.


  • Efectos de un impacto de rayo


Cuando un rayo alcanza un barco, la corriente busca la ruta de menor impedancia hacia el agua.  Si el recorrido no está controlado, la descarga puede derretir o perforar el mástil, romper obenques, fundir tensores y hacer saltar remaches.  El calor intenso puede provocar incendios y carbonizar la madera o la fibra del casco.  Los equipos electrónicos conectados sufren sobretensiones que destruyen circuitos y sensores.  Incluso cuando el rayo no impacta directamente, el campo electromagnético puede inducir tensiones en los cables y dañar la electrónica.  Un arco secundario entre dos piezas metálicas próximas –por ejemplo entre un winche y la jarcia– puede atravesar el cuerpo de un tripulante y producir lesiones graves.


  • Diseño de un sistema de protección eficaz


A pesar de que ningún sistema garantiza el 100 % de seguridad, existe un consenso técnico sobre los elementos que debe incluir una instalación de protección contra rayos a bordo:


1. Punta captadora o pararrayos en el tope del mástil. Puede ser una pica de acero inoxidable o un terminal diseñado para distribuir el campo eléctrico.  Su función es atraer la descarga al mástil.

2. Bajante de cobre o conductor de sección generosa. Desde la punta captadora hasta el casco se instala un cable de cobre trenzado, preferentemente de más de 16 mm² de sección.  Debe ir lo más recto posible, evitando ángulos cerrados para no aumentar la inductancia.  En muchas embarcaciones el mástil metálico puede servir como bajante si su sección supera 100 mm².  Los mástiles de carbono deben equiparse con un conductor independiente, ya que el carbono no es tan buen conductor como el aluminio.

3. Placa de dispersión al mar. La energía del rayo debe entrar en contacto con el agua a través de una placa de cobre situada en la parte inferior del casco y siempre sumergida.  La superficie mínima recomendada es de 0,2 metros cuadrados y el espesor superior a 4 mm.  En aguas saladas esta superficie puede ser suficiente; en aguas dulces conviene aumentarla debido a la menor conductividad.  Es importante que la resistencia total desde la punta hasta la placa no supere 0,03 ohms.

4. Conexión equipotencial de todos los elementos metálicos.  El motor, los depósitos, la jarcia, las varillas de timón y cualquier masa metálica importante deben unirse a la bajante principal mediante cables de conexión, para evitar tensiones diferenciales y arcos laterales.  Este mallado se denomina “sistema perimetral” y complementa la descarga vertical.


Algunos navegantes instalan dispositivos tipo dissipator con múltiples púas que supuestamente dispersan la carga estática.  Sin embargo, diversos organismos y especialistas señalan que su eficacia es controvertida y no sustituye a un sistema de descarga controlada.


  • Prevención antes de una tormenta


La mejor protección es evitar encontrarse en medio de una tormenta.  Antes de zarpar, consulta la previsión meteorológica y planifica la ruta evitando áreas de convección intensa.  Durante la navegación, mantén un ojo en el horizonte y revisa el radar o aplicaciones móviles para detectar cumulonimbus.  Si adviertes signos de tormenta, prepárate:


- Desconecta antenas y equipos electrónicos que no sean esenciales y protégelos con supresores de sobretensión.

- Cierra escotillas y portillos para evitar que el agua entre si llueve con fuerza.

- Ordena la cubierta y asegura todo el material suelto que pueda convertirse en proyectil con el viento.

- Prepara un plan de emergencia con la tripulación: asigna funciones, repasa dónde están los extintores, bombas de achique y botiquín, y ensaya las maniobras que haréis si el rayo impacta o si hay una vía de agua.

- Revisa que la placa de dispersión esté en buen estado y conectada y que las conexiones de la bajante no estén corroídas.


  • Procedimiento durante la tormenta


Si ya no puedes evitar la tormenta, toca proteger a la tripulación.  Permanece dentro del casco o bajo cubierta; el entorno cerrado ofrece un cierto efecto Faraday.  Evita tocar estructuras metálicas: mástil, jarcia, winches o el timón de rueda.  Si es posible, desconecta la batería principal, pero solo si no comprometes la bomba de achique ni el equipo de comunicaciones.  Procura que el interior del barco esté seco y usa calzado con suela aislante.  Para estimar la distancia del rayo, cuenta los segundos entre el destello y el trueno y divide por tres; si está a menos de tres segundos, la tormenta está a apenas un kilómetro.  Y muy importante: espera al menos 30 minutos después del último trueno antes de reanudar la navegación.


  • Qué hacer después del impacto


Tras un impacto, no bajes la guardia: aún puede haber riesgo de incendio o entrada de agua.  Revisa visualmente el mástil, las crucetas, los obenques y los tensores en busca de zonas fundidas, fisuras o desprendimientos.  Comprueba la electrónica: algunos equipos pueden seguir funcionando pero haber quedado calibrados erróneamente.  Desconecta y reconecta para ver si se recuperan; de lo contrario, anota la avería.  Inspecciona el casco, sobre todo alrededor de la quilla y el timón, para detectar perforaciones o grietas por donde pueda entrar agua.  Documenta el suceso (fecha, hora, posición y condiciones) y toma fotografías de los daños; estos datos serán útiles para el seguro.  Si la placa de dispersión ha sido alcanzada, puede haber quedado erosionada; reemplázala si muestra signos de derretimiento.


  • Conclusión


El riesgo de que un velero sea alcanzado por un rayo es bajo en términos absolutos, pero las consecuencias potenciales justifican extremar la prevención.  Las estadísticas generales indican que solo 1 de cada 1 000 barcos es impactado cada año; sin embargo, la probabilidad aumenta en zonas con alta densidad eléctrica, como el noreste peninsular, Castellón, las Baleares y las regiones tropicales.  La Costa Blanca presenta una densidad media baja, aunque no despreciable; Ibiza y Formentera pueden experimentar tormentas con cientos de descargas en un día.  Los cálculos muestran que incluso en una tormenta severa el riesgo de impacto en un intervalo de 30 minutos permanece en torno a 0,14 % para un velero de 14 m, aunque la altura del mástil incrementa la vulnerabilidad real.  La mejor defensa es evitar las tormentas, equipar la embarcación con un sistema de protección adecuado y aplicar las reglas de seguridad antes, durante y después del episodio eléctrico.  Navegar respetando los fenómenos meteorológicos es la mejor manera de seguir disfrutando muchos años.

 
 
 

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